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Marget explota temas de la cultura popular cubana, como bailes, fiestas y costumbres. Asimismo va a la arquitectura de las ciudades, destacando siempre los vínculos estrechos de esta con los hombres.
El discurso de esta pintora naif “delata la fe en el ser humano, protagonista principal de su espontánea creatividad, a través de un lenguaje primitivo donde la imaginación y la inocencia hacen una realidad única”.
Martha Marget ha participado en más de una docena de exposiciones colectivas y ha realizado cerca de una decena de personales, lo mismo en Cuba como en el extranjero.
Sin haber recibido estudios académicos específicos sobre pintura, su quehacer desanda espacios íntimos de la cultura y la tradición cubanas.
La figuración de Martha va más allá del simple ejercicio pictórico para insertarse dentro de un mundo muy peculiar, donde se combinan las imágenes oníricas y una imaginaria muy particular que se ve la impronta de una artista comprometida con su trabajo, Martha ha seguido un ritmo ascendente en su obra, apreciándose que ha sido para bien de la artista y para aquellos que hoy podemos apreciar la madurez de tales obras.
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